Contrata al especialista.
No al software.
Un agente por proceso. Lo ejecuta de principio a fin — las consultas, los cruces, la evidencia — y te devuelve un registro que puedes auditar. Se cobra sobre el ahorro que produce.
Y las de tu casa: el ERP, la carpeta compartida, el correo donde llegó el soporte. Si tiene API o exporta archivos, se conecta; y si no, el agente lee los documentos como los lee una persona. Sin licencias, sin infraestructura y sin un equipo interno de IA — nosotros lo construimos, lo alojamos y lo mantenemos.
Nadie renuncia por el papeleo. Simplemente deja de revisarlo bien, y el error aparece dos meses después, cuando ya no se puede corregir.
- «Deme un momento, lo estoy consultando.»
- Y el momento son cuatro portales abiertos uno por uno, con el cliente esperando al otro lado del teléfono.
- «Se nos venció el término.»
- El documento estuvo semanas en una bandeja. Cuando alguien lo vio, ya no había nada que responder.
- «Ese contrato sí lo revisamos.»
- Por encima, un viernes. La cláusula que hoy cuesta plata estaba en la página once.
Trabaja como trabajaría tu mejor analista. Sin cansarse y sin saltarse un paso.
No es un chat ni un tablero. Es un procedimiento: los mismos pasos, en el mismo orden, cada vez, y con constancia de cada uno.
Una cédula, un NIT, una factura, un contrato, una carpeta. Lo mismo que hoy le entregarías a la persona que lo hace.
Entra a cada fuente una por una: las públicas, las tuyas, los documentos. No se salta ninguna.
Compara lo que dice cada fuente, y cuando dos se contradicen aplica tu regla y deja escrito cuál usó y por qué.
Con un enlace detrás de cada dato. Cualquiera puede abrirlo y verificar de dónde salió, hoy o dentro de un año.
Y lo que no encontró, lo dice. No inventa para llenar el campo: marca el vacío, explica qué revisar y a quién pedírselo.
Si es repetitivo, tiene documentos y termina en una decisión, hay agente.
Un agente no es de un sector: es de un proceso. Estas áreas son ejemplos, no un catálogo cerrado.
- Conciliación del banco contra el auxiliar, cruce de facturas con sus soportes, lo que no cuadra señalado con el documento al lado.
- Estado de cada deudor, soportes al día y el histórico de lo que ya se intentó, sin volver a armarlo cada mes.
- Contratos leídos cláusula por cláusula contra tu política, y los antecedentes de la contraparte en el mismo expediente.
- Listas restrictivas, PEP y debida diligencia de terceros, con la consulta guardada y fechada como prueba.
- Documentos vigentes por contratista: seguridad social, pólizas, certificados. Quién está vencido, hoy.
- Admisión y verificación de derechos, glosas y sus respuestas dentro del término, con la evidencia de cada consulta.
Cuando el papeleo que te duele es propio de tu casa — tus formatos, tus contrapartes, tus reglas —, construimos el agente que lo ejecuta. Nos lo cuentas, lo armamos con tus fuentes y tus reglas, y lo probamos contra casos tuyos ya resueltos. Queda en tu cuenta, y solo tu cuenta lo ve.
Físicos y matemáticos. Y gente que ya firmó el cierre.
Unos saben cuándo un modelo está bien y cuándo apenas suena bien. Los otros han sido gerentes y CFOs en el sector real: ya respondieron por el cierre, por la glosa y por el contrato firmado, así que saben qué proceso no se automatiza a la ligera. Por eso el agente enseña la fuente de cada dato y marca lo que no encontró — nadie le entrega su papeleo a algo que no puede revisar.
Si el agente no te ahorra, no te cuesta.
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- La tarifa sale de lo que el agente te deja de costar. No de licencias, no de usuarios, no de servidores.
- Cuanto mejor trabaja el agente, menor es nuestra participación y mayor la parte que se queda tu compañía.
- Medimos contigo lo que ese proceso cuesta hoy. Si no aparece un ahorro claro, te lo decimos y ahí queda.
Lo único que arriesgas es la conversación.
Empieza por el que más te duela.
Cuéntanos el proceso y te decimos qué haría un agente con él, qué fuentes necesita y cuánto toma ponerlo a trabajar.